Antes de conocer el método Nara, Diana Vera tenía una dinámica distinta en su aula. El espacio de lectura sucedía solo dos veces por semana y cada sesión se trabajaba con un cuento distinto. Ella cuidaba que el proceso se cumpliera por completo, cerrando la actividad con preguntas directas sobre el texto. Aunque los niños disfrutaban escuchar historias, terminaban agotados y con cierto rechazo hacia la lectura.
El sector de biblioteca tampoco lograba atraerlos. No estaba pensado desde sus necesidades ni los invitaba a explorar nuevos libros. Todo estaba agrupado sin orden, lo que generaba desorden y dificultaba que los niños encontraran dónde guardar cada texto.
Hoy ese escenario cambió por completo. En el aula de Diana, el tiempo de lectura se volvió inamovible: cada mañana, después de iniciar la jornada, todos se reúnen alrededor del cuento del día. La lectura ya no es apresurada, sino un momento pausado y atento a las necesidades de los niños. Un solo cuento puede acompañarlos hasta dos semanas, permitiéndoles conectar con la historia, explorarla desde sus intereses y sentirse parte de ella.
Y lo más bonito: los cuentos ya no se quedan solo en el papel. Con las sugerencias de Nara, Diana incorporó teatrillos en el aula. Todo empezó con “Cuac Cuac Cuac”, cuyos personajes “visitaron” a los niños. Ellos quedaron fascinados, queriendo conocer a cada personaje y jugar con ellos.
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Ese mismo cambio también alcanzó la lectoescritura. Antes, Diana trabajaba con fichas y repeticiones, en un proceso largo y poco significativo que generaba cansancio y rechazo. Con la llegada del método Nara, la lectoescritura con emoción transformó totalmente la experiencia. Diana comprendió que cada niño avanza a su propio ritmo y que el objetivo no es apresurar la lectura o la escritura, sino acompañar cada etapa con respeto y apoyo.
Para ella, la emoción es el motor de esta transformación. Atender los intereses de los niños y escuchar sus ritmos hace que la enseñanza sea más consciente y viva. A esto se suma el compromiso de las familias, que apostaron por el proyecto y hoy acompañan con entusiasmo el aprendizaje de sus hijos.
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Ahora el aula de Diana es un espacio lleno de creatividad, emoción y niños que avanzan seguros, sostenidos por el apoyo de sus padres y guiados por una enseñanza que los reconoce.
Muchas gracias, Diana, por compartir con nosotras tu Historia Nara.
Nicholle Kamiche
Creadora de contenido audiovisual del equipo de Nara Learning, con una gran pasión y compromiso por la educación infantil.
Formada en Comunicación por la Universidad de Lima.
